viernes, 8 de junio de 2018

Análisis: Dragon Quest Builders


Según la antigua dialéctica filosófica, la facultad humana de crear es lo que más acerca a los seres humanos a ese ser todopoderoso que muchos identifican bajo el nombre de Dios. El talento, o casi don, de ser creativo hoy día se configura como algo que muchos desean pero que pocos realmente poseen. Así, una persona que rebose originalidad, creatividad, será una persona con iniciativa y decisión propia, dispuesta a afrontar todos los contratiempos que se le presenten por muy difíciles que pudieran parecer en un principio. 

¿Qué pasaría si la creatividad desapareciera de la faz de la tierra y todo el peso del devenir del mundo quedase en manos de una única persona? Este es el planteamiento que nos propone Square Enix en Dragon Quest Builders, una nueva iteración dentro de la aclamada serie Dragon Quest.

La construcción como cura para salvar a la humanidad

En esta ocasión los combates por turnos y la profunda narrativa típicas de la franquicia quedan en un segundo plano para reforzar la idea básica humana de la lucha por la supervivencia mediante la reconstrucción de la tierra del reino de Alefgard que ha sido completamente arrasada por el malvado Dragonlord. Y aquí es donde el propio título hace honor a su nombre: construcción.

Las comparaciones son odiosas, pero Dragon Quest Builders es mucho más que meter en una coctelera las premisas de Minecraft y los elementos básicos distintivos de Dragon Quest. Pero esto sería una idea rápida y aproximada de lo que nos encontraremos en la obra, si bien, con el ADN de Dragon Quest intacto. Nosotros somos el héroe designado por la diosa Pamplín: somos el elegido para salvar al mundo de sus fantasmas. Y, como no podría ser de otra manera, somos el único ser humano al que aún le quedan grandes dosis de creatividad en forma de poder de construcción.


A medida que avanzamos en la historia que, por cierto, se encuentra dividida en capítulos, deberemos ir haciéndonos acopio de un buen puñado de materiales para fabricar útiles objetos con los que deberemos hacer frente a las temibles y constantes hordas de enemigos que irán a hacernos más de una visita a nuestra base. Hablando de la base, esta se configura como nuestro centro neurálgico de operaciones desde donde podremos viajar a otras zonas a través de portales mágicos que iremos consiguiendo a medida que completemos misiones de lo más variopintas —aunque algunas acaben haciéndose algo repetitivas— propuestas la mayoría por los propios habitantes del reino que iremos acogiendo en ella.

Crecimiento y progresión bien trabajados

Si algo me ha fascinado del título es esa sensación de crecimiento continuo de la propia base; el ver cómo poco a poco, fruto de nuestras propias manos y hazañas vamos levantando, literalmente, una tierra entera es una gran satisfacción que he sentido jugando a Dragon Quest Builders. Porque, como ya he dicho antes, los combates y la profunda narrativa quedan a un lado para dejar pasar al plato fuerte del título que no es otro que la construcción. Y aquí se nos abre un mundo de posibilidades muy interesante.

La progresión se encuentra bien trabajada ya que a medida que avancemos en la historia tendremos acceso a nuevos materiales que nos permitirán construir un mejor equipamiento para el personaje —armadura, armas, accesorios…— además de otros materiales que se prestan mucho mejor a la hora de ser empleados en la construcción y mejora de la base al ofrecer una mayor resistencia a los ataques de las hordas enemigas. Solo así iremos creciendo tanto nosotros como jugadores como nuestra base y sus habitantes, con el fin último de poseer una pequeña gran fortaleza. Ya que nuestro personaje no posee nivel, luchar contra enemigos y derrotar a jefes —ya sean jefecillos o jefazos— nos reportará un buen puñado de materiales para la construcción.


Si bien, la construcción dista de ser perfecta y cuando esta se alía con la pésima cámara que se nos presenta en la mayoría de ocasiones apaga y vámonos. La construcción en vertical una vez nos quedamos con el espacio justo en horizontal se me ha hecho de las cosas más tediosas de llevar del título. Más allá de no existir un sistema que nos permita ocultar ciertas estructuras que quedan bajo otras nuevas que estemos colocando, la cámara sigue siendo nuestro mayor enemigo en dicha empresa. Ya sin contar la de tiempo perdido tratando de descubrir cuál es el bloque que nos falta en una habitación que ha sido atacada por alguna de las hordas enemigas para así repararla: desesperante en varias ocasiones.

En cuanto al combate será en tiempo real y no posee demasiada complicación salvo ciertos enemigos finales que se separan un poco del modus operandi de golpear sin ton ni son, ya que deberemos aprender y aprehender sus patrones de ataque y emplear correctamente determinados objetos si queremos salir airosos del encuentro. Simple pero eficaz, no busca ni pretende ser la mecánica estrella de la obra.

Si bien, tras completar un capítulo nuestro progreso se reseteará. Que no panda el cúnico, pese a que no mantendremos nuestro inventario de materiales y objetos, sí conservaremos todas las recetas de construcción que hayamos aprendido y planos que hayamos obtenido para utilizarlos en el siguiente episodio. Sin despeinarse, Dragon Quest Builders ofrecerá alrededor de diez horas por capítulo haciendo que la duración del título en su conjunto alcance las 40-50 horas, ya en función de la manera de jugar de cada uno —que en mi caso suele ser un poco meticulosa—.

Grandes dosis de adición

Finalmente, una vez superemos la historia principal se desbloqueará un modo libre, Tierra Incógnita, en el que podremos construir todo un mundo a nuestro antojo, tal y como nosotros deseemos, llevando a cabo el papel de un auténtico Dios con recursos ilimitados en la palma de nuestra mano.

Dragon Quest Builders brilla por sí solo como título de construcción y de gestión de recursos y de relaciones humanas con los habitantes con los que nos vamos encontrando. Tenerles contentos completando las distintas misiones que nos encomiendan es fundamental para avanzar en una trama que, si bien simple, es lo suficientemente decente como para mantener al jugador expectante ante lo que se irá sucediendo. Sin duda el fuerte del título es la exploración y construcción, siendo un excelente motor para despertar la creatividad de los jugadores.


Si bien la pésima cámara empaña el resultado final de un título que recomendamos siempre y cuando no lo hayas disfrutado antes en otra de las plataformas donde se encuentra disponible, ya que la versión para Nintendo Switch—la que está siendo analizada— apenas aporta ninguna novedad de peso más allá de la presencia del dientecillos de sable, que aumentará nuestra velocidad de movimiento por el mapeado y nos proveerá de materiales especiales por derrotar a los enemigos. 

Gráficamente está a la altura de las expectativas y poder disfrutarlo en modo portátil es toda una delicia que casa perfectamente con la adición que despierta lo que ofrece con la construcción y exploración. En cuanto a su banda sonora, posee varios temas muy pegadizos que hacen buena sintonía con las tareas de las que nos estemos ocupando aunque hay que decir que en determinados momentos, si la sesión de juego está siendo algo larga, se tornan algo repetitivos y pueden llegar a cansar un poco a nuestros tímpanos.


Lo mejor:
  • Construcción y exploración con ADN Dragon Quest
  • Gran duración de base que se amplía con el modo libre Tierra Incógnita. 
  • Adictivo como él solo.

Lo peor:
  • La cámara, el enemigo aliado oculto de Dragonlord.

Nota: 8/10.


Análisis realizado por Fran del Rosal (versión de Nintendo Switch). Copia facilitada por Nintendo España.
FICHA TÉCNICA
Nombre: Dragon Quest Builders
Género: Acción, Aventura
Desarrollador: Square Enix
Distribuidor: Nintendo
Jugadores: 1
Precio: 49.99€
Formato: Nintendo Switch (tarjeta de juego y descarga eShop)
Lanzamiento: 09/02/2018